A pesar de estar a 120 km. de Capital Federal, este refugio no se deja dominar por la vorágine de la gran ciudad
Abriendo paso a Buenos Aires, con la intención definida de convertirse en un oasis de tranquilidad y espacios verdes, Chascomus, espera ansiosa el arribo del turismo. Allí, donde todos continúan el trayecto hacia la costa, propone un fin de semana distinto.
Con el estilo típico de una ciudad agrónoma, posee, sin embargo, ciertas características propias, que la convierten en una ciudad única. Nació en 1779, y la madurez de dos siglos de vida se percibe en las calles empedradas y en sus casas celosamente cuidadas.
El centro de la ciudad, a pocas cuadras del casco histórico, y acaparando la atención de todos está la “Laguna de Chascomús”, un espejo de agua de casi 15 km largo, que irradia calma. La pesca es el principal atractivo, aunque también se practican otros deportes como canotaje y windsurf.
Uno de los sitios más particulares que tiene esta ciudad es la Capilla de los negros, un lugar sagrado donde solían reunirse aquellos feligreses. Declarado Monumento Histórico Nacional, todavía mantiene el piso de barro cocido y en sus paredes aparecen aunados San Cayetano, “el Gauchito Gil” y un retrato del Gral. José de San Martín.
Para quienes quieran pasar un fin de semana de ilimitada paz, con playas y mucha hospitalidad de los lugareños, Chascomús es, sin ningún tipo de dudas, el lugar que estaba buscando.
Imperdible:
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Casco Histórico: en la plaza Independencia da comienzo el circuito por los distintos edificios históricos
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Museo Pampeano: con el fin de resguardar la cultura criolla, este establecimiento atesora la esencia de aquel pasado.
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